Virginia Quintero Blanco

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Me enteré de la beca a finales del año 2010, cuando mi suegro, quién tenía conocimiento del deseo que teníamos mi novio y yo por especializarnos antes de casarnos, nos compartió la información que salía en el periódico acerca de la alianza entre la Universidad del Norte y la Fundación Juan Pablo Gutiérrez Cáceres. Iniciamos todas las averiguaciones pertinentes y descubrimos que no había un programa afín en ese momento acorde a la carrera de mi compañero. Pero para mí encontramos la Maestría en Educación.

Fue muy interesante darnos cuenta que los requerimientos que hacían para solicitar la beca eran acordes a mi historia de vida, haber tenido buen rendimiento académico en pregrado, trabajar como voluntario en actividades sociales, culturales y de ayuda a otros, ser un trabajador comprometido con la institución y contar con el testimonio de personas que lo sustentaran.

Yo había recibido mi título de pregrado como licenciada en educación musical en la Universidad del Atlántico en Barranquilla hacía ya un año, sin embargo me encontraba ejerciendo desde el año 2005 como maestra de música. Trabajé desde el 2009 durante tres años en una prestigiosa institución privada de la ciudad, lugar donde me brindaron muchas oportunidades, pero siendo honesta, nunca pude deshacerme de la etiqueta de “músico” lo cual no les permitía verme como un aporte en los procesos pedagógicos de la institución.

Consiente de mis capacidades y muy segura de mis deseos, mis sueños y mis proyecciones, tomé la decisión de iniciar este camino hacia el desarrollo y el progreso académico y profesional.

Sin embargo, me encontraba en la problemática que muchos jóvenes de Colombia tienen, no contaba con el presupuesto, el dinero para poder cubrir los gastos de la maestría en educación. Solicitar una beca no es tan fácil, ya que tenemos que contar con la colaboración de otras personas. Fue muy significativo para mí tocar las puertas de exprofesores de la Universidad, de mis jefes de ese momento y tener la posibilidad de escuchar lo que ellos pensaban acerca de mí, eso me llenó de ánimo, me hizo consciente de que estaba construyendo una historia y que si ya lo había logrado antes, también lo podía hacer ahora con un poco más de esfuerzo.

Trabajé en la tarea de recolectar los documentos y redacté los dos ensayos solicitados por la Junta Directiva de la Fundación. Esto también se convirtió en una terapia que me confrontó con mis deseos, con mi forma de ver la vida, con la idea de historia que quería seguir construyendo, me tomé muy en serio este espacio de reflexión, escribí esos dos ensayos con el alma y creo que sirvió.

Y ocurrió: me otorgaron la beca, la Fundación Juan Pablo Gutiérrez Cáceres envío un correo que compartí a familiares y amigos con mucho entusiasmo, pero que sobre todo era una nueva invitación, un nuevo reto a continuar buscando la excelencia. Propuse en mi mente y corazón que tenía dos años exactos para ser Magíster en Educación y no sólo eso, lo que más deseaba era que mis amigos de la Fundación nunca se arrepintieran de haber tendido la mano a esta joven Colombiana. Yo quiero dejar convencidos a los que aportan que sí vale la pena respaldar sueños, que es así como juntos construimos un mejor país.

Aquí está mi testimonio como una carta abierta para compartir buenas nuevas. Cada semestre que culminaba y leía en mi reporte de notas “estudiante distinguido” pensaba, agradecida con Dios, en todas las personas involucradas, un triunfo de muchos a los que bendigo con todas mis fuerzas.

Estudiar esta Maestría abrió y continúa abriendo puertas muy valiosas a mi vida. Mi actual jefa me “capturó”, como lo dice de forma jocosa, en las aulas de la Universidad ya que fue mi compañera de Maestría. Hace un año me encuentro trabajando con un maravilloso equipo interdisciplinario en una de las propuestas educativas más novedosas de Colombia, una apuesta pedagógica que no deja escapar detalle, involucra primera infancia con muchas posibilidades, la arquitectura, las artes, ciencia, tecnología e investigación. Allí soy la atelierista, una asesora pedagógica que acompaña a niñas y niños de 4 meses hasta los 5 años, junto a sus familias y maestras, a vivir los procesos de aprendizaje con placer y alegría a través de las artes. Y aquí vuelve a aparecer la música, ya no como etiqueta que coarta, sino como herramienta que potencia.

Un sueño hecho realidad provoca nuevos sueños, es así como recuerdo haber confesado en uno de los ensayos que envié a la Fundación que mi mayor sueño era ser formadora de formadores, para poder influir y gestionar cambios en la idea de educación que la humanidad necesita.

Recientemente he sido invitada por la Universidad del Norte para ser tutora de más de quinientos profesionales en diferentes áreas, que ingresan al proceso de cualificación en cuanto a los fundamentos políticos, técnicos y de gestión de la estrategia Nacional de atención integral a la Primera Infancia, de cero a siempre.

¡Estoy feliz! Soy lo que soñé ser, soy un aporte para mí país y para toda la humanidad. Lo más valioso es que no lo hice sola, entonces, soy un aporte de muchos a los que con cada palpitar les digo: gracias, cuentan conmigo.

 

Virginia Quintero Blanco
Becaria Fundación JPGC
Universidad del Norte

 

Fundación JPGC

Proyectar hacia el futuro, la fe y el amor que Juan Pablo siempre tuvo por Colombia y su gente, impulsado siempre con la creencia de que la educación es el medio para alcanzar grandes cosas.

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